La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró de Interés para la Comunicación Social y la Cultura al libro “Voces, Tiempo, Verdad”, una obra que reconstruye los hechos de la masacre de 2004 desde la perspectiva de sus protagonistas. El acto, realizado en un colmado Salón Montevideo, no solo funcionó como un reconocimiento a la investigación periodística de Bruno Larocca y la organización “No Nos Cuenten Cromañón”, sino que sirvió como escenario para anuncios legislativos de alto impacto para los sobrevivientes y familiares de las víctimas a pocos días de cumplirse el vigésimo aniversario de la tragedia,.

Para el vecino que sigue de cerca la historia reciente de la Ciudad, este reconocimiento trasciende lo simbólico. La distinción del libro, impulsada por la diputada Maru Bieli, busca poner en valor una narrativa que, según los autores, fue relativizada u ocultada durante casi dos décadas. Durante la ceremonia, Bieli destacó que el espacio representa una “reivindicación de las juventudes que tienen una mirada crítica de lo que sucede”, subrayando el rol de las nuevas generaciones en la construcción de la memoria colectiva. La mesa de debate contó además con la participación de la abogada Florencia Alonso, el psicólogo Fabio Lacolla y la sobreviviente Romina Andreini, quienes aportaron una mirada interdisciplinaria sobre las secuelas del hecho.

Sin embargo, el dato de mayor relevancia para la gestión pública surgió de la intervención del legislador Juan Modarelli. El diputado anunció que en la última sesión del año se tratará un proyecto de ley clave para la comunidad de afectados: la instauración del carácter vitalicio para las ayudas económicas a las víctimas y la ampliación del padrón de beneficiarios. “A 20 años de Cromañón, el Estado de la ciudad, el mayor responsable de lo que pasó ahí, empieza a dar respuestas”, sentenció Modarelli, reconociendo la deuda histórica de la administración local hacia quienes padecieron la masacre.

Esta medida representa un cambio sistémico en la política de reparación. Viste que, hasta ahora, los apoyos estatales solían estar sujetos a renovaciones periódicas o criterios restrictivos que generaban incertidumbre en los sobrevivientes. Al transformar estas ayudas en vitalicias, la Ciudad intenta brindar una estabilidad que reconozca el daño permanente causado por las fallas en los controles estatales de aquel 30 de diciembre de 2004. El análisis de esta medida sugiere un intento de la Legislatura por cerrar un ciclo de reclamos judiciales y administrativos, priorizando la seguridad social de los afectados.

Hacia adelante, el clima de la Ciudad se prepara para un diciembre cargado de simbolismo. El cierre musical acústico a cargo de la banda Ojos Locos durante el acto funcionó como un preludio de las conmemoraciones que se esperan para finales de este mes. La perspectiva a futuro indica que la aprobación del nuevo padrón y la ley de ayudas vitalicias marcarán un antes y un después en la relación entre el Estado y los sobrevivientes, transformando el dolor de la masacre en una política de protección institucional que busca, finalmente, estar a la altura de la verdad histórica recuperada en las páginas de “Voces, Tiempo, Verdad”.


Jessica Gaglianone

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