Buenos Aires es una ciudad que muchas veces exige un cambio de perspectiva para ser comprendida en su totalidad. Durante este año, el programa de visitas guiadas a los miradores porteños, organizado por el Ministerio de Cultura, alcanzó un hito significativo con más de 20.000 participantes que buscaron descubrir los secretos urbanos de la capital desde alturas que rara vez se abren al público general. Estos recorridos no han funcionado solo como una actividad de ocio, sino como una herramienta pedagógica para captar la magnitud y el crecimiento histórico de nuestro paisaje urbano.

Viste que uno de los puntos más emblemáticos es el Edificio Cassará, una construcción de 1902 que ofrece una vista única del proyecto arquitectónico de la Avenida de Mayo. En la misma línea, la Galería Güemes, que data de 1915 y es famosa por haber inspirado a escritores de la talla de Antoine de Saint-Exupéry y Julio Cortázar, sigue siendo una de las favoritas para quienes se interesan por el patrimonio literario y estructural de la ciudad. En el barrio de Palermo, el edificio del Automóvil Club Argentino se destaca como un exponente clave de la arquitectura racionalista argentina, demostrando cómo conviven diferentes estilos en nuestras calles.

La protagonista absoluta de este último tramo de la temporada ha sido la Torre Monumental en Retiro. Con sus 60 metros de altura, esta estructura de 1916 funciona como un testigo vertical de los movimientos diarios de la zona. Luego de un período de reacondicionamiento, se transformó en una atracción central tanto para vecinos como para turistas. Para el residente, entender los costos de acceso es vital: mientras que la entrada general es de $1.000, los miércoles el ingreso es gratuito para todos. Además, existe un claro enfoque social en la política de precios, ya que jubilados, estudiantes universitarios y grupos de escuelas públicas pueden entrar sin cargo todos los días, facilitando un acceso inclusivo al patrimonio local.

El éxito de estas visitas, que mantuvieron cupos agotados durante todo el año, refleja un interés creciente de la ciudadanía por conectar con la identidad de su propio entorno. El programa no se limita a mirar edificios; permite una comprensión más profunda de cómo Buenos Aires se transformó desde un trazado colonial hasta la metrópolis que habitamos hoy. Otros sitios visitados, como los edificios Bencich, el sitio arqueológico La Cisterna y la Basílica de Santa Rosa de Lima, terminan de completar este mosaico histórico panorámico.

Hacia adelante, el objetivo de la gestión para 2025 es descentralizar estas experiencias. A través de alianzas entre la Ciudad, la Nación y entidades privadas, se espera la apertura de nuevos miradores en diversos barrios. El foco estará puesto especialmente en el sur porteño, una zona muchas veces relegada en los circuitos arquitectónicos tradicionales, buscando llevar el programa de patrimonio a más vecinos y diversificar el mapa cultural de la ciudad. Esta expansión sugiere un compromiso a largo plazo para que la historia de la ciudad sea accesible desde todos los ángulos posibles.


Jessica Gaglianone

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