La 23ª edición de “Luthería en Buenos Aires” se desarrolla en la Usina del Arte hasta este domingo a las 20 h, consolidando un encuentro gratuito que reúne a más de 90 artesanos y fabricantes de equipamiento musical de todo el país en el barrio de La Boca. Este evento, que tuvo su origen a finales de 1999, ofrece al vecino una oportunidad única para asomarse a la trastienda de la música, donde la construcción y reparación de instrumentos —oficio conocido como luthería— se revela como un motor cultural y productivo vigente.
Para comprender la magnitud de esta cita, es necesario mirar hacia atrás. La exposición nació de la agrupación de artesanos de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, quienes buscaban un espacio común para visibilizar una labor que combina la carpintería fina con la física del sonido. Hoy, esa iniciativa se traduce en 22 exposiciones de gran importancia técnica que ocupan el Foyer, la Sala de Cámara y el Espacio Creativo de la Usina. Para el habitante de la ciudad, esto no es solo una exhibición de objetos, sino una invitación a entender cómo se gesta la identidad sonora de nuestros barrios.
La programación está diseñada para que el visitante pase de la teoría a la práctica sin escalas. Durante el fin de semana, el Espacio de la Asociación Argentina de Luthiers (AAL) funciona como un aula abierta. Allí se debaten temas que van desde la historia del bombo legüero hasta la revalorización de materias primas en la fabricación de violines. Viste que, a menudo, estos procesos parecen reservados a especialistas, pero la gacetilla oficial destaca que el intercambio con el público busca que músicos y aficionados puedan resolver dudas técnicas sobre el mantenimiento de sus herramientas de trabajo.
En términos de impacto vecinal, la gratuidad de los conciertos y microconciertos transforma a la Usina en un refugio cultural accesible frente a la retracción de otros circuitos comerciales. La oferta musical es deliberadamente diversa: desde el jazz y el choro brasileño hasta homenajes a grandes maestros como Leo Brower. Esta pluralidad asegura que tanto el melómano como el vecino que busca un paseo diferente encuentren un punto de interés. Además, la presencia de escuelas de luthería entre los expositores abre una puerta para quienes ven en este oficio una posible salida laboral o una vocación profesional.
Hacia adelante, la persistencia de este encuentro por más de dos décadas sugiere una industria artesanal que, a pesar de los cambios tecnológicos, mantiene su relevancia en la Ciudad. La perspectiva a futuro indica que estos espacios de encuentro entre el fabricante y el usuario final son fundamentales para sostener la calidad de la música local. Se espera que, tras el cierre de este domingo, el diálogo iniciado entre los más de 90 expositores y el público porteño se traduzca en una mayor valoración del trabajo manual que permite que, cada noche, suene una orquesta o una guitarra en algún rincón de Buenos Aires.
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