Categories: Puntos porteños

Gambeta a la vuelta

Ayer nos salvó la memoria, no el fútbol. A los treinta minutos del segundo tiempo, perdiendo dos a cero contra once egipcios que corrían como si el desierto los corriera a ellos, la tribuna era un velorio de cuarenta millones de personas. Nos mirábamos las caras buscando al culpable, resignados a la vieja costumbre argentina de flagelarnos. Yo miraba la pantalla con esa amargura ácida que te sube por la garganta, masticando la injusticia.

En el banco, Scaloni era la viva imagen de la desesperación contenida: se acomodaba el saquito, caminaba de un lado al otro, se agarraba la cabeza con las dos manos y gritaba indicaciones que nadie escuchaba por el quilombo del estadio, pero que tenían la urgencia de un tipo que ve cómo se le prende fuego la casa.

Y entonces pasó lo que nos pasa siempre cuando tocamos fondo. Reaccionamos por pura prepotencia de laburante. El descuento llegó por el Toro, por Lautaro Martínez, que metió un frentazo abajo, de puro guapo, raspando el pasto con los dientes. Ahí la sangre nos volvió al cuerpo. Faltaban cinco minutos y el empate lo firmó Julián Álvarez, que no corre, vuela, y se llevó la pelota puesta entre tres defensores para clavarla al lado del palo en una jugada sucia, bien de potrero en el barro.

Pero el milagro, la locura total, llegó en el último suspiro. El gol de la remontada nos arrancó un grito que teníamos atragantado desde el pecho, un desahogo que nos devolvió el alma al cuerpo y nos hizo tirar la silla a la mierda en el living de casa.

Cuando el árbitro pitó el final, la cámara lo buscó a él. A Messi. Parado en medio del campo, con los ojos inyectados en sangre y las lágrimas rodándole por la cara, llorando con el llanto limpio de un nene de cinco años que acaba de salvarse del castigo. Un llanto de alivio absoluto, de saber que el destino nos pertenece un rato más. Terminó el partido y nos quedamos mudos en el living, mirando la tele sin poder creerlo, llorando con él. Volvimos a nacer, como siempre, cuando ya nos daban por muertos.

Julian Sosa

Recent Posts

Como está el barrio? Pregunta Larreta con su cuadernito

La reaparición de Horacio Rodríguez Larreta en Monte Castro: un cuaderno de quejas contra la…

20 horas ago

Ecos de café y bandoneón: el tango se muda a las mesas de siempre

Hay tardes en las que Buenos Aires parece suspendida en el tiempo, especialmente cuando el…

4 días ago

Buenos Aires explota de tango

Buenos Aires tiene esa capacidad de transformarse en un escenario vivo cuando la música se…

4 días ago

La bomba silenciosa de las deudas familiares en Argentina

¿Qué pasa cuando la doctrina económica oficial decide que el hambre y la asfixia financiera…

4 días ago

VTV libre en la Ciudad: ¿Desregulación o conflicto de intereses?

¿Qué ocurre cuando un servicio estatal obligatorio, diseñado teóricamente para garantizar la seguridad vial, pasa…

6 días ago

En agosto, Buenos Aires es tango

Hay un latido particular que recorre las calles de Buenos Aires, una melodía que nace…

6 días ago