El sol de mayo en Buenos Aires tiene esa luz oblicua que recorta las siluetas de los edificios y nos invita a caminar con un café en la mano, dejando que el aire fresco nos despabile el pensamiento. Mientras acá las hojas amarillas empiezan a alfombrar las veredas de la calle Corrientes, a miles de kilómetros, sobre el azul intenso del Mediterráneo, nuestra ciudad está plantando bandera en el escenario más brillante del cine mundial.
Esta edición 2026 del Festival de Cannes se siente un poco más cerca de casa que otras veces. Resulta que el BAFICI, nuestro semillero inagotable de historias, se convirtió en la gran plataforma de despegue para una delegación que hoy brilla en la Riviera francesa. No es casualidad: es la confirmación de que el festival porteño funciona como una cantera de talentos que empieza en una sala de barrio y termina en los ojos del mundo. Como bien dice Javier Porta Fouz, el BAFICI es un evento cargado de futuro, y este año Cannes es la prueba de eso.
La gran novedad estratégica es que, por primera vez, Buenos Aires tiene su pabellón propio en el Marché du Film. Es un paso clave para que nuestros directores y productores no lleguen solos al mercado más importante de la industria, facilitando que se multipliquen las coproducciones y que nuestras calles sigan siendo el escenario de rodajes internacionales. La ministra Gabriela Ricardes lo tiene claro: esta es una política pública que reafirma a nuestra ciudad como una capital del cine independiente.
En las pantallas de Cannes, el recorrido es emocionante. Este domingo, en el Palais B, se proyectó Los vencedores de Pablo Aparo, la película que se llevó el Gran Premio Buenos Aires en la última edición del BAFICI. También estuvo presente el Complejo Teatral de Buenos Aires con Cyrano en mi cabeza, demostrando que el teatro y el cine porteño hablan el mismo idioma de vanguardia. Y para los nostálgicos y amantes de lo clásico, la joya de Leopoldo Torre Nilsson, La casa del ángel, volvió a brillar en una restauración impecable en 4K dentro de la sección Cannes Classics, después de haber pasado por nuestro festival en 2023.
Data dura para agendar y seguir de cerca:
Es lindo pensar que las historias que nacen acá nomás, en nuestras esquinas y con nuestras obsesiones, tienen esa potencia universal que cruza el océano. Al final del día, el cine es ese puente de luz que nos recuerda que, por más lejos que estemos, siempre hay alguien del otro lado dispuesto a conmoverse con lo nuestro. Que el cine nos siga encontrando, acá o en cualquier parte del mapa.
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