Relatos de barrios

El pasado 11 de diciembre, la Ciudad celebró las cuatro décadas del Programa Cultural en Barrios (PCB) con un homenaje a escritores locales en la Casa de la Cultura, en un encuentro que osciló entre el reconocimiento a la identidad vecinal y la preocupación por el presente del sector. La ceremonia, realizada en el Salón Dorado del exedificio La Prensa, puso el foco en la presentación de un libro virtual que recopila historias de las distintas comunas, destacando el rol de los talleres gratuitos como espacios de encuentro democrático y participación ciudadana.
Entre los más de quinientos relatos presentados, se seleccionaron treinta y cuatro textos que ilustran con imaginación las calles de barrios como Barracas, Mataderos y Villa Luro. Viste que para el vecino de Liniers este reconocimiento tuvo un sabor especial, ya que dos alumnas del Centro Cultural Elías Castelnuovo, Hilda Scardilli y Alejandra Torrecillas, resultaron premiadas por sus relatos. No obstante, el acceso a la obra física sigue siendo una deuda para los autores, ya que solo se imprimieron dos ejemplares de cortesía para las autoridades, mientras que el resto de los participantes deberá esperar un enlace por correo electrónico cuya fecha aún no ha sido precisada.
Durante el acto, la ministra de Cultura, Gabriela Ricardes, definió al programa como una herramienta fundamental para garantizar una “cultura social cerca de casa”, subrayando la importancia del vínculo comunitario que se genera en las clases. Sin embargo, esta visión oficial contrasta con la realidad que atraviesan los centros culturales en el día a día. Según se desprende del análisis de la situación actual, el espíritu integrador del programa se ve amenazado por recortes en las horas cátedra aplicados desde marzo pasado, lo que derivó en una reducción de la oferta de talleres y afectó directamente los ingresos de los docentes.
A este escenario de ajuste se suma una creciente burocracia administrativa que dificulta el reemplazo de profesores y una persistente falta de materiales didácticos básicos, como proyectores, telas y micrófonos. Para el vecino que asiste a estos espacios, esta situación representa un “contrasentido” entre el discurso de promoción cultural y el desfinanciamiento operativo del programa. Mario “Pacho” O’Donnell, creador del programa hace cuarenta años tras el regreso de la democracia, recordó que el PCB nació para que la cultura dejara de ser un privilegio y se convirtiera en un derecho de todos, recuperando las plazas tras el terror de la dictadura.
O’Donnell enfatizó que la cultura no solo sirve para el entretenimiento, sino que se integra al sistema productivo mediante la enseñanza de oficios con los que el vecino puede “defenderse en la vida”. Actualmente, el PCB cuenta con 36 centros culturales y más de 1.200 talleres gratuitos, funcionando como un legado vital para las futuras generaciones. Hacia adelante, la sostenibilidad de este esquema dependerá de que se revierta el deterioro material actual, asegurando que la cultura democrática siga siendo el norte de una gestión que debe equilibrar el homenaje institucional con el apoyo concreto a sus trabajadores y alumnos.
