La grieta de cemento: Buenos Aires y el espejo roto de la Encuesta de Hogares

¿Qué celebramos realmente cuando un informe oficial nos dice que el ingreso medio de los porteños supera el millón y medio de pesos? En la superficie, la cifra suena a prosperidad de clase media, pero cuando se desmenuza la realidad detrás de los promedios, surge una pregunta más incómoda: ¿Estamos gestionando una ciudad o administrando un archipiélago de desigualdades? El Informe de Resultados de la Encuesta Anual de Hogares 2025, publicado este 28 de abril de 2026, no es solo un PDF de estadísticas; es la radiografía de una fractura expuesta que el marketing político no logra soldar.
La fotografía de una ciudad partida
Formalmente, la Ciudad de Buenos Aires presenta indicadores que, en una lectura rápida, parecen estables. La tasa de desocupación se ubica en un 5,8%, con una tasa de empleo del 60,8%. Sin embargo, la propia estructura demográfica revela una ciudad que se encoge y envejece de forma desigual: el 22,2% de la población tiene 60 años o más, pero este envejecimiento se dispara al 26,3% en la zona norte, mientras que el sur —Comunas 4 y 8— sigue siendo el reservorio de la juventud porteña, con casi un 40% de menores de 20 años.
En términos de vivienda, Buenos Aires es una ciudad de departamentos (77,3% del total), pero donde el sueño de la casa propia se ha transformado en la pesadilla del alquiler para el 36,2% de los hogares. El ingreso medio, ese número que suele brillar en los comunicados, se situó en $1.548.750, pero el dato esconde una trampa estadística: mientras el promedio general sugiere holgura, en la Comuna 8 (Villa Soldati, Villa Lugano, Villa Riachuelo) el ingreso cae estrepitosamente a $986.530, casi un 36% por debajo de la media.
El marketing del promedio vs. la realidad del código postal
Cuando el Gobierno de la Ciudad publica estos datos, suele enfocarse en la “estabilidad” de los indicadores laborales o el nivel educativo (un promedio de 13,9 años de estudio). Pero el análisis independiente obliga a preguntarse por qué se acepta como natural que un vecino de Recoleta (Comuna 2) tenga más de 15 años de estudio y un vecino de Villa Lugano apenas 11,3. No es solo una diferencia de currículum; es una predeterminación del destino económico basada en el lugar donde se nace.
La intención detrás de la narrativa oficial suele ser la de una ciudad integrada, pero los números de salud desmienten el discurso. El 19,3% de los porteños depende exclusivamente del sistema público, pero en la Zona Sur esa cifra salta al 31,0%. El “éxito” de la gestión de salud porteña se apoya, en realidad, en que la Zona Norte terceriza su atención a través de prepagas (el 22,7% las paga de forma voluntaria), liberando al Estado de una carga que, de ser equitativa en toda la ciudad, haría colapsar cualquier guardia. El GCBA no solo gestiona salud; gestiona una transferencia invisible de responsabilidades hacia el sector privado en el norte, mientras el sur resiste con lo que queda de lo público.
El peso de ser mujer y vivir en alquiler
Las consecuencias de esta segmentación son estructurales y tienen rostro de mujer. La encuesta revela una brecha de género que no cede: las mujeres no solo son mayoría (52,8%), sino que sufren mayores tasas de desocupación (6,8% frente al 4,8% de los varones) y subocupación horaria (10,8%). A esto se suma el drama habitacional. En la Ciudad, el 6,8% de los hogares vive hacinado, pero ese hacinamiento se concentra brutalmente en las Comunas 4, 8 y 1 (esta última con un 12,4% de hacinamiento no crítico).
El mercado laboral porteño es hoy un ecosistema de servicios (72,5%) donde el 73,2% son asalariados. Sin embargo, la pérdida de peso del trabajo por cuenta propia (que bajó del 22,3% en 2024 al 21,6% en 2025) sugiere que el emprendedurismo de supervivencia está chocando contra un muro de costos fijos que solo los grandes jugadores pueden saltar. El ganador invisible es el sector de servicios financieros y profesionales, mientras que el perdedor es el pequeño comerciante de barrio que ve cómo el ingreso de sus vecinos en el sur no llega a cubrir la canasta básica.
El silencio sobre la tenencia irregular
Lo que falta deliberadamente en cualquier discurso optimista sobre la “urbanización” de barrios populares es el dato de la tenencia irregular. El informe admite que el 9,9% de los hogares ocupa sus viviendas de manera irregular, cifra que en la Zona Sur se dispara al 16,5%. Casi dos de cada diez hogares en el sur no tienen papeles que respalden su techo. Este silencio estratégico permite al poder político hablar de “integración” mientras mantiene a una masa crítica de ciudadanos en la precariedad jurídica, una herramienta de control político históricamente eficaz en años electorales.
Tampoco se profundiza en el impacto de la población migrante. El 36,3% de los porteños no nació en la ciudad; son nativos de otras provincias o del extranjero que sostienen sectores clave como el comercio y la construcción, pero que se hacinan en las Comunas 1 y 3, donde la proporción de inmigrantes llega al 25,4%. Buenos Aires es una ciudad que se alimenta del esfuerzo de quienes vienen de afuera, pero les ofrece las peores condiciones de habitabilidad.
La pregunta que queda flotando no es técnica, es política: ¿Hasta cuándo puede sostenerse una ciudad que se envejece en el confort del norte mientras desfinancia el futuro de sus jóvenes en el sur? Los indicadores a monitorear en los próximos meses no son solo los de inflación, sino los de desgranamiento educativo en las comunas donde el promedio de estudio no llega a terminar el secundario.
Buenos Aires no es una sola; son quince realidades que chocan todas las mañanas en el subte. Invitarlos a leer estas cifras es invitarlos a ver las grietas de un edificio que, por fuera, todavía parece brillante.
Fuente consultada: Encuesta Anual de Hogares 2025 – Informe de resultados, publicado el 28/04/2026.
