¿Qué celebramos realmente este 1º de mayo en Buenos Aires? Mientras los discursos oficiales intentan pintar un cuadro de resiliencia y “emprendedurismo”, los datos crudos que el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (IDECBA) acaba de soltar sobre la mesa cuentan una historia mucho más incómoda. En una ciudad donde el desempleo parece bajo control en los papeles, la verdadera crisis se está cocinando en la calidad de lo que llamamos “trabajo”. La pregunta que nadie en el Gobierno quiere responder es simple: ¿el crecimiento del cuentapropismo es una elección de libertad o un refugio desesperado ante un mercado formal que cerró sus puertas?
Formalmente, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires presenta este 2026 una tasa de desocupación del 5,8%. A primera vista, es un número que cualquier gestión firmaría con gusto, bajando levemente respecto al 5,9% del año anterior. Sin embargo, el diablo está en los detalles de la “población ocupada”. Hoy, el 21,6% de los porteños que trabajan lo hacen por cuenta propia; estamos hablando de unas 354.500 personas que, en teoría, son sus propios jefes. Pero cuando desglosamos ese universo, la épica del emprendedor se desmorona: el 71,3% de esos trabajadores son informales. No eligieron la autonomía; quedaron fuera del sistema.
Cuando la política habla de “flexibilidad”, suele omitir el costo humano. El informe de IDECBA revela que casi el 29% de los cuentapropistas porteños trabaja más de 45 horas semanales para poder llegar a fin de mes. Es una jornada maratónica sin vacaciones pagas, sin aguinaldo y, en muchos casos, sin cobertura de salud. De hecho, el 32% de este sector ni siquiera tiene un registro jubilatorio, lo que significa que estamos financiando el presente con la indigencia del futuro. El dato de desempleo “bajo” es, en realidad, un eufemismo para un mercado laboral que se está “precarizando por goteo”.
¿Por qué se pone el foco en la “caracterización del cuenta propia” justo ahora? La intención política es clara: ante la imposibilidad de generar empleo asalariado de calidad —que hoy representa solo el 73,1% del total, el punto más bajo de la serie histórica desde 2004— el Gobierno necesita validar socialmente la supervivencia individual. Es más fácil hablar de “autonomía” que de precariedad laboral, que ya alcanza al 26,6% de los asalariados totales. Si sumamos a los precarios del sistema de dependencia con los informales del cuentapropismo, el mapa de la vulnerabilidad porteña es mucho más extenso de lo que admiten las gacetillas.
La desigualdad, además, es obscena. El informe muestra que en el mundo del trabajo autónomo, la torta se reparte entre muy pocos: el 20% de los cuentapropistas más ricos (Q5) se queda con el 50% de la masa total de ingresos de ese sector. En la otra punta, el 20% más pobre (Q1) apenas sobrevive con el 3,3% de los ingresos. No es una escalera de ascenso social; es una plataforma donde los profesionales exitosos y los trabajadores de subsistencia comparten nombre pero habitan planetas distintos.
Lo que el comunicado oficial no dice es que este modelo está rompiendo el tejido social de la clase media. La brecha de ingresos entre el decil más rico y el más pobre es de 12,1 veces. Mientras el ingreso laboral promedio de un cuentapropista con registro y regularidad es de $1.589.896, aquellos que están fuera del radar estatal apenas promedian $689.743. Esa diferencia es la frontera entre la integración y la caída. El silencio estratégico sobre la caída del Producto Geográfico Bruto —que retrocedió un 5% en 2024 antes de este leve rebote del 4,4%— explica por qué el refugio es la calle y no la oficina.
El interrogante que queda flotando en este Día del Trabajador es hacia dónde vamos. Con una tasa de subocupación que subió al 8,5% y una precariedad que no cede, el “sueño” de la autonomía porteña parece más una condena a la incertidumbre permanente. ¿Cuánto tiempo puede sostenerse una ciudad con un quinto de su fuerza laboral pedaleando en la informalidad? Los indicadores a monitorear en los próximos meses no son solo las tasas de empleo, sino cuántos de esos “jefes de sí mismos” terminan pidiendo pista en un sistema que, hoy por hoy, no tiene lugar para ellos.
Fuente IDECBA
En la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro, el programa Pase Cultural ha…
El Ministerio de Cultura porteño desplegará este fin de semana una agenda que combina el…
Hay algo en el aire de Buenos Aires cuando llega abril; es ese "fresquito" que…
¿Qué celebramos realmente cuando un informe oficial nos dice que el ingreso medio de los…
Hay mañanas en las que Buenos Aires se despierta con un latido distinto, uno que…
Buenos Aires atraviesa un clima de tensión inédito en sus establecimientos educativos. Lo que antes…