Una masa de aire de origen antártico desploma los termómetros en Buenos Aires con mínimas cercanas a los 0 °C. Mientras el Cono Sur se congela y varias ciudades argentinas se tiñen de blanco, Europa enfrenta un escenario diametralmente opuesto con alertas por calor extremo.
El invierno finalmente muestra sus garras más afiladas en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Tras un inicio de temporada titubeante, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó el ingreso de una masa de aire polar proveniente de la Antártida que promete térmicas bajo cero y marcas que posicionarán a esta primera semana de julio como la más fría en lo que va de año.
A diferencia de los temporales lluviosos, este fenómeno llega acompañado de cielos despejados y estabilidad, un factor que potenciará el enfriamiento nocturno. El pico del frío se sentirá con fuerza entre el jueves y el viernes, donde el viento del sur obligará a los porteños a salir a la calle con múltiples capas de abrigo.
El esquema térmico para los próximos días se estructurará de la siguiente manera:
Recomendación oficial: Las autoridades sanitarias recuerdan la importancia de abrigarse adecuadamente (cuello, manos y cabeza), evitar cambios bruscos de temperatura y mantener ventilados los ambientes donde se utilicen artefactos de calefacción a gas para prevenir accidentes por monóxido de carbono.
La gran sorpresa de las últimas horas la dio la caída de nieve y aguanieve en distintas regiones del territorio nacional. Durante la madrugada de este jueves, el aire polar extremo tiñó de blanco los paisajes de localidades bonaerenses de la zona serrana y del sur, como Sierra de los Padres, Tres Arroyos, Carlos Tornquist y Necochea, donde los vecinos inundaron las redes sociales con fotos del fenómeno.
Pero el espectáculo no fue exclusivo de la provincia de Buenos Aires. En paralelo, se registraron intensas nevadas en los valles de Tafí del Valle (Tucumán), en las altas cumbres de San Juan y Mendoza, y en las sierras cordobesas, abarcando puntos turísticos como La Cumbrecita y Santa Rosa de Calamuchita. Aunque en el AMBA las condiciones solo dan para chaparrones fríos y heladas, el evento meteorológico reavivó de inmediato la ilusión y el recuerdo de los hitos históricos.
Si bien despertar con 1 °C resulta estremecedor para los habitantes de la Ciudad, las estadísticas meteorológicas históricas demuestran que Buenos Aires sabe lo que es el frío extremo.
El promedio normal para un mes de julio suele oscilar entre una mínima de 7 °C y una máxima de 14 °C. Sin embargo, la actual ola polar reaviva el recuerdo de los hitos más severos de la Capital:
Mientras que los argentinos recurren al café caliente, las bufandas y las cámaras para registrar la nieve, el hemisferio norte atraviesa una realidad climática radicalmente opuesta y alarmante. Al mismo tiempo que el aire antártico congela el sur de América, Europa se enfrenta a su primera gran ola de calor del verano.
Países como España, Italia y Grecia ya reportan temperaturas que superan holgadamente los 40 °C, activando alertas rojas por riesgo sanitario e incendios forestales. Esta disonancia térmica extrema no hace más que evidenciar la creciente intensidad y frecuencia de los eventos climáticos globales, donde las masas de aire caliente y frío se desplazan con una virulencia cada vez mayor en ambos extremos del planeta.
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