El Centro Cultural San Martín se prepara para recibir, entre el lunes 9 y el miércoles 11 de diciembre, la octava edición de la Semana de Sitges en Buenos Aires, un evento que acerca de forma gratuita las piezas más disruptivas del cine fantástico y de terror catalán al corazón de la ciudad. Esta propuesta, organizada por el Ministerio de Cultura porteño junto a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina, no es solo una muestra de películas, sino una oportunidad para que el vecino acceda a obras premiadas internacionalmente que raramente llegan a las salas comerciales convencionales.

La importancia de esta cita reside en el prestigio del Festival de Sitges, fundado en 1968 y consolidado como un referente global para la industria cinematográfica por su capacidad de explorar tendencias innovadoras. Traer esta programación a la calle Paraná 310 permite democratizar la cultura de género, ofreciendo al público local títulos como “El baño del diablo”, ganadora del Oso de Plata en Berlín, o la colombiana “Mi bestia”, que explora el miedo colectivo a través de una profecía en la Bogotá de los años noventa. Es un plan “gasolero” de alto nivel, ya que las entradas se retiran sin costo desde dos horas antes de cada función.

Para el vecino interesado en la trastienda de la industria, la muestra trasciende la pantalla. El análisis de la gestión actual incluye actividades especiales como el panel sobre el cine de género argentino en la “meca del fantástico”, donde directores de la talla de Demián Rugna reflexionarán sobre el impacto internacional de nuestra producción. Asimismo, el espacio “Horror girls” abordará los desafíos de las cineastas latinas en un rubro históricamente masculino, demostrando que la cultura porteña busca romper moldes y fomentar la equidad en la creación audiovisual.

Desde una perspectiva institucional, este evento se enmarca en la estrategia de la Buenos Aires Comisión de Filmaciones (BAFC) para posicionar a la Ciudad como una capital audiovisual regional. El objetivo es fomentar la colaboración entre productoras locales e internacionales, reconociendo el talento porteño como un motor central de la identidad cultural. Al conectar a creadores y productores con el público masivo, la Ciudad intenta que el cine fantástico deje de ser un consumo de nicho para transformarse en una herramienta de proyección global.

Hacia adelante, se espera que esta octava edición consolide el vínculo entre Buenos Aires y la localidad costera de Sitges, fortaleciendo un puente cultural que ya lleva más de cinco décadas. En una semana donde la realidad y la ficción de terror se confunden en la sala oscura, el verdadero éxito de la gestión será que el vecino se apropie de estos espacios y que el rugido de los motores creativos locales siga resonando en los festivales más importantes del mundo.


Jessica Gaglianone

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